La historia del hombre es muy extensa, y para comprenderla es preciso remontarse muchos millones de años atrás en el tiempo. Sin embargo, entender nuestro pasado nos ayuda a entender el presente y futuro; por eso te vamos a hablar de las etapas históricas del desarrollo de la humanidad.
Las etapas históricas de la humanidad dividen la historia en periodos largos que comienzan y terminan cuando se produce un acontecimiento importante para los hombres. En general, podemos distinguir las siguientes etapas de la historia: la prehistoria, la Edad Antigua, la Edad Media, la Edad Moderna y la Edad Contemporánea. Veamos con detalle cada una:
Principales características de las etapas históricas en el desarrollo de la humanidad. A continuación, te describimos las principales etapas históricas y sus elementos definitorios:
La prehistoria
Es la etapa que comienza con el origen de la humanidad hasta que surgió la escritura con las primeras civilizaciones, es decir, aproximadamente 4.000 años antes de Cristo. Durante este periodo aparecieron los primeros homínidos, que fueron evolucionando hasta que apareció el Homo sapiens. Nuestros antepasados empezaron a construir las primeras herramientas y a vivir en grupos. En la prehistoria se pueden distinguir, a su vez, varias subetapas como las siguientes:
Edad de Piedra (Paleolítico, Mesolítico y Neolítico).
Edad de los Metales (Edad del Cobre, Edad del Bronce y Edad del Hierro).
La Edad Antigua
Comienza cuando aparece la escritura, que supone un gran acontecimiento en la historia, y termina en el momento en que cayó el Imperio romano, es decir, en el siglo V después de Cristo.
En este periodo se desarrollan las primeras civilizaciones en Mesopotamia y Egipto. Los métodos de escritura que solían utilizar estas civilizaciones eran los jeroglíficos.
La Edad Media
Se extiende desde el siglo V después de Cristo hasta el año 1492, cuando se llega a América. En esta época se cambió el sistema social esclavista que había existido hasta el momento por un modelo basado en el feudalismo. Comenzaron a difundirse el cristianismo y el islam. Apareció la burguesía y se sentaron las bases del sistema capitalista que ha llegado hasta nuestros días.
La Edad Moderna
Comprende desde el siglo XV hasta que se inicia la Revolución francesa en 1789. Se produjo uno de los acontecimientos culturales más importantes de la historia, que fue el Renacimiento: las ciudades crecieron y el sistema feudal se fue sustituyendo por el sistema capitalista. Las corrientes de pensamiento que se imponen en este momento son el humanismo y el racionalismo. Otro acontecimiento esencial de esta época es la Revolución Industrial, que supone la creación de máquinas para cubrir la demanda del mercado en aquel momento.
La Edad Contemporánea
Comienza en el siglo XIX y llega hasta nuestros días. Es una de las etapas históricas más importantes, y en ella se han producido acontecimientos esenciales, entre ellos, el nacimiento de nuevos sistemas de gobierno como el sistema republicano, la consolidación del sistema capitalista, la disminución del poder de la Iglesia católica, el aumento de la población mundial, la aparición de grandes inventos como la bombilla, los aviones o internet y, finalmente, la globalización.
¿Conocías estas etapas históricas? ¿Cómo crees que ha influido el pasado en la actualidad?
Aunque la historia tradicional ha querido ver siempre a las mujeres dentro de los muros de la casa, lo cierto es que las mujeres han tenido una presencia activa en las ciudades como trabajadoras. Aunque no en toda Europa las ciudades han tenido la misma importancia. recordemos que en los Paises nordicos, sobre todo Finlandia y Noruega, fueron paises muy rurales con pocas profesiones ciudadanas. En los inicios de la ciudad ya trabajan en ella las mujeres. La primera representación de una ciudad plasmada en los primeros frescos micénicos: mujeres como porteadoras de agua.
Desde entonces la mayoría de las mujeres, las de las clases medias y bajas, ocupaban las calles, plazas y otros centros de las ciudades por razones de carácter laboral. En las ciudades europeas, tanto en la Antigüedad como en las que se constituyen a partir de la Edad Media, y hasta bien entrado el s. XX, ha habido lugares frecuentados sobre todo por las mujeres que se convirtieron en los espacios, por excelencia, de sociabilidad femenina.
Habría que destacar, en primer lugar, las fuentes, uno de los lugares unido al colectivo de las mujeres. La recogida del agua es una de las tareas femeninas desde el comienzo de la vida urbana. Hay que señalar el carácter colectivo de la actividad en torno al agua. La fuente significa para las mujeres lo que la plaza pública para los hombres, un lugar de encuentro en el que intercambiar opiniones y noticias. Es un lugar público, pero mayoritariamente femenino y, por ello, ligado al trabajo. En el mismo sentido habría que analizar los lavaderos o los talleres de hilado y tejido. (MARTINEZ LOPEZ, 1995a; 14-19)
Mientras que los varones tienen el agora, el foro, el ayuntamiento o el casino para relacionarse, la sociabilidad femenina, de forma mayoritaria, está relacionada con un trabajo exterior a su vivienda que supone, en la práctica, una prolongación del trabajo doméstico, pero que les permite el contacto con las demás mujeres de la ciudad, hablar y compartir las noticias y sentimientos.
Otro de los espacios públicos relacionados con el trabajo de las mujeres es el mercado, donde regentan sus puestos de verduras, aves, etc. como vendedoras de los productos del campo, que ellas mismas cultivan, cuidan y elaboran. Esta práctica es una constante que se ha mantenido desde la Antigüedad a lo largo de la historia de las ciudades occidentales. Los mercados, con mujeres vendedoras, compradoras, mujeres de las clases menos favorecidas y, en ocasiones de las clases altas, son un lugar de trabajo pero también de encuentro e información de las mujeres. (MARTINEZ LOPEZ, 1995b; 41-54)
Pero adem·s de estos trabajos que desempeÒan las mujeres en el espacio urbano, hay que hacer menciÛn especial a su participaciÛn en los talleres artesanales y en las actividades de ellos derivadas, ligadas al florecimiento de las ciudades medievales. En Italia, Inglaterra, Francia, Holanda, etc. Las mujeres impulsan numerosas actividades e, incluso, algunos oficios son exclusivamente femeninos.
El Livre des mÈtiers de …tienne Boileau, en el s. XIII, seÒala como femeninos los oficios cuya materia prima sea la seda y el oro, es decir, dos de las materias m·s apreciadas y buscadas de la Època. Otro oficio exclusivamente de mujeres hasta los siglos XVII-XVIII fué el de partera o matrona (MARLAND, 1993). Los archivos de ParÌs de finales del s. XIII y principios del XIV citan quince oficios exclusivamente femeninos, entre ellos los de batidoras de oro, batidoras de seda, batidoras de estaÒo, sombrereras de seda, hacedoras de sombreros de oro, urdidoras, cardadoras, etc. Adem·s desempeÒan otros oficios en competencia con los hombres, por ejemplo la costura de ropa blanca. En cuanto a los dem·s oficios en los que podÌan participar por igual mujeres y hombres, su n?mero se eleva significativamente. En Francfort, entre los siglos XIV y XVI, las mujeres participaban en alrededor de 201 ocupaciones, de las cuales monopolizaban 65, predominaban en 17 e igualaban en n?mero a los hombres en 38 (KING, 1993; 91). En Estrasburgo, en el s. XV, las mujeres figuran en las listas de trabajo como herreras, orfebres, carretoneras, comerciantes de granos, jardineras, costureras y toneleras. M·s de una tercera parte de los tejedores de la ciudad que aparecen en una lista de 1434 son mujeres. En Gante, en el s. XIV, las mujeres abundan entre los cobradores, prestamistas, hoteleros, etc. (KING, 1993; 93)
De todos modos en muchas ciudades no es bien vista la presencia femenina en ciertos oficios, y para impedirla, cerraron su acceso a muchos de los gremios. Así en Inglaterra las mujeres eran admitidas en un gremio en raras ocasiones, generalmente cuando era la esposa o la viuda del maestro artesano. Sin embargo en muchas ciudades francesas no sólo trabajan sino que crean sus propias corporaciones o gremios donde, como en los masculinos, hay aprendizas, obreras y maestras, y tienen sus propios reglamentos. Curiosamente éstos indican que en caso de problemas las mujeres, aunque estén casadas, deben asumir por sí solas toda la responsabilidad:
«Cualquier mujer que tenga marido y ejerza un oficio dentro de la ciudad, en el cual no intervenga su marido, deberá ser considerada como mujer sola en lo relativo a aquellas cosas que pertenezcan a su oficio. Y si surgiese una querella en contra de la mujer, ella deberá responder y hacer su alegato como mujer sola, aceptando la ley y tomando su defensa en la Corte mediante alegato o para su descargo..» (Reglamento de Lincoln citado en POWER, 1979; 73-74)
Este tipo de normas se encuentran en muchas ciudades europeas, tanto francesas, inglesas u holandesas.
Es a partir del s. XVI, aunque con diferencias según los países, cuando las mujeres comienzan a ser desplazadas de algunos de los oficios que tradicionalmente habían desempeñado. Son expulsadas de los gremios y encuentran cada vez más dificultades para encontrar un trabajo en los talleres. Las condiciones laborales de las mujeres irán empeorando progresivamente a medida que nos adentramos en la Edad Moderna, conservando sólo las tareas más ingratas, peor remuneradas y con menor prestigio. En el s. XVII con la protoindustrialización se consolidan estas tendencias que desplazan a las mujeres a los sectores productivos más marginales.
Por último, una actividad que ocupa un espacio público importante desde la Antigüedad y a lo largo de la Historia, son los espacios urbanos dedicados al ejercicio de la prostitución.
En las ciudades, desde su inicio, hay lugares dedicados al ejercicio de la prostitución. Estos barrios solían desarrollarse en las inmediaciones del agora, del foro, de la plaza pública. En Atenas estaban cerca del Cerámico, el barrio próximo al agora; en Roma se ejercía cerca del foro, es decir, los lugares frecuentados por los varones. En las ciudades medievales en torno a los lugares frecuentados por los varones, es decir, los mercados y los lugares de reunión política. La organización de la prostitución es, por otra parte, compleja, lo que se refleja en la diversidad de edificios utilizados a tal efecto, desde casas perfectamente equipadas para una prostitución de alto nivel, hasta los pequeños e insalubres habitáculos de los barrios de prostitutas pobres, o el ejercicio individual en los espacios y calles públicas (arcos, soportales, etc).
1.2.1. Nuevo orden económico y trabajo de las mujeres en los siglos XIX y XX
Una de las consecuencias principales del proceso de industrialización que tiene lugar, según países europeos, entre los siglos XVIII y XX, es la desaparición de la familia como unidad de producción, la separación entre trabajo reproductivo y productivo y el desplazamiento del lugar del trabajo productivo desde el hogar al taller o la fábrica. El trabajo a cambio de un salario, propio del nuevo sistema económico, no modificó en un primer momento, sin embargo, la participación de todos los miembros de la familia, adultos y niños, varones y mujeres, en el proceso productivo tal como era habitual en los siglos anteriores (BORDERIAS, CARRASCO, ALEMANY, 1994).
El nuevo orden económico generó enseguida formas de segregación sexual en la actividad laboral que se concretó, por una parte, en la adscripción exclusivamente femenina a las tareas reproductivas y, por otra, en la adjudicación de género a las actividades productivas (masculinas la mayoría, femeninas las menos), y al precio de la fuerza de trabajo, más barato el de las mujeres que el de los varones.
La identificación del trabajo femenino con ciertos empleos y con mano de obra barata se institucionaliza y formaliza a lo largo del siglo XIX, gracias a los discursos que generan reformadores sociales, médicos y legisladores. A través de ellos se naturalizan las relaciones entre los sexos, sancionando el orden social, al que dan forma y sentido. (SCOTT, 1993) Un orden que sólo se quiebra, coyunturalmente, en situaciones de penuria de mano de obra masculina, como sucede en las guerras.
A mediados del siglo XIX vienen a coincidir en los argumentos básicos de tratadistas ingleses (Adam Smith) y franceses (Jean Baptiste Say) (SCOTT, 1993; TILLY, SCOTT, 1987):
a) Los salarios de los varones deben ser suficientes para mantener a sus familias, lo cual, no sólo concedía más valor a su trabajo, sino que otorgaba al varón el estatus de creador de valor en la familia y de responsable, en última instancia, de la reproducción. (Vease 2.2.)
b) Las mujeres quedan reducidas a la categoría de esposas dependientes de sus maridos trabajadores; se las considera menos productivas y mano de obra barata.
Un discurso secundado por médicos, educadores y legisladores que conforman un ideal de mujer ama de casa, madre y educadora de sus hijos, que resulta extremadamente útil en un momento de expansión industrial, en el que las tasas de natalidad y mortalidad infantil han disminuido, los salarios de los trabajadores han aumentando y el modelo de economía familiar de consumo se ha impuesto.
Este ideal de mujer ama de casa tampoco es el mismo para todos los paises. En Finlandia, un país más rural con poca burguesía y clase media, las familias rurales construyen otro ideal de mujer basado en aquella que trabaja en casa pero también en el campo.
A lo largo del proceso de industrialización la actividad productora de las mujeres, no experimentó un crecimiento paralelo al de los varones, sino que responde a ritmos que se repiten aún a pesar de las diferencias nacionales: más elevada en los inicios, en la fase de transición de la economía doméstica a la industrial; disminuye en los momentos de expansión industrial y vuelve a aumentar a medida que se desarrolla el sector terciario.
Por áreas de actividad, la industria textil ha concentrado en toda Europa la mano de obra femenina del sector secundario, beneficiándose así en su expansión de los bajos salarios que se pagaban a las mujeres. Otro tanto sucedió en España y Finlandia con las fábricas de tabaco, en las que las cigarreras constituían la mano de obra casi exclusiva. Fuera de la industria, la agricultura (sobre todo en el continente) y el servicio doméstico reunían la mayor parte de la población activa femenina en el XIX. La gran mayoría de las trabajadoras, sin embargo, se empleaba en áreas más tradicionales: en mercados, tiendas, vendiendo por la calle, transportando mercancías, lavando, cosiendo, hacían flores artificiales, orfebrería o prendas de vestir.
En Inglaterra, el primer país industrial, en 1861 el 40% de las mujeres empleadas trabajaban en el servicio doméstico y el 20% en la industria textil. En España, 1860, las proporciones eran similares para el servicio doméstico. Referente a la industria textil, en 1841 las hilaturas catalanas empleaban igual número de mujeres que de hombres (en torno a 32.000) y a 17.000 niños y niñas. En Finlandia, a finales del XIX el 29% de la población activa femenina se concentraba en el servicio doméstico y un 7% en la industria. De estas, el 46 % estaban empleadas en el sector textil y un 12% en fábricas de tabaco (CAPEL, 1986; MANNINEN, 1990).
Una característica común a todos los países europeos es el hecho de que las trabajadoras asalariadas han sido mayoritariamente jóvenes y solteras tanto en el siglo XIX como a comienzos del XX, por ejemplo en Finlandia, a finales del siglo XIX, el 79% de trabajadoras industriales eran solteras y con una edad media de 27-28 años. Este hecho no tiene explicación unívoca ya que es resultado de variadas estrategias frmeninas, personales y familiares.
A finales del siglo XIX las condiciones de trabajo en la industria comienzan a ser reguladas por las empresas y los estados atendiendo tanto a las reivindicaciones de los sindicatos de clase como a los intereses económicos de la propia industria. En Finlandia fueron las obreras las que lucharon por la regulación de sus condiciones de trabajo. .Las primeras regulaciones de las condiciones de trabajo afectaron a las mujeres y niños, sector minoritario dentro de la actividad industrial, pero a los que se consideraba, de forma siempre conjunta, más vulnerables y necesitados de protección.
Estas normas especiales se justificaban por razones físicas, morales, prácticas y políticas, que establecían la debilidad de su organismo, lo nocivo del trabajo sobre su capacidad procreadora, las repercusiones sobre el cuidado de su familia, su exposición a agresiones sexuales en las salidas nocturnas, la corrupción moral del contacto laboral con varones etc... En consecuencia, las normas regulaban diversos aspectos de la vida de las mujeres como la jornada de trabajo, la asistencia médica, el subsidio por embarazo, garantizaban una hora de lactancia y prohibían ciertos trabajos para las mujeres, incluido el trabajo nocturno.
Pero, contradictoriamente, estas normas solo eran aplicables a las mujeres que trabajaban en la industria y no a las que trabajaban en el campo y sector servicios, que constituían, precisamente, las principales fuentes del trabajo femenino. Como consecuencia, durante muchos años, más allá de mejorar las condiciones de las trabajadoras, sirvieron para avalar la segregación en función del sexo y justificar las diferencias de remuneración y de status, siempre inferiores para las mujeres (SCOTT, 1993; CAPEL, 1986; NASH, 1993). (Vease 4.2.2.)
Dentro del sector servicios, a comienzos del XX se aprecia un desplazamiento del trabajo desde el servicio doméstico a los empleos de cuello blanco (secretarias, dactilógrafas, archiveras, vendedoras de sellos, telegrafistas y telefonistas, maestras, enfermeras, trabajadoras sociales...), muchos de ellos ocupaciones de nueva creación que continuaban la tradición de la mujer asalariada en empleos no productivos. En general son actividades que se configuran desde el principio como empleo barato y, por tanto, femenino. En Francia, hacia 1906 las mujeres constituían más del 40% de la fuerza de trabajo en este sector (TILLY, SCOTT, 1989; MANNINEN, 1990; BORDERIAS et. al. 1994).
La mayor parte de los trabajos de cuello blanco se nutren de mujeres pertenecientes a las clases medias, un grupo social relativamente nuevo entre la fuerza de trabajo. Aunque son una minoría entre las mujeres trabajadoras, su procedencia social y sus aspiraciones de independencia económica las hacen más visibles; además, su presencia resulta más amenazante que la de las obreras no cualificadas y las convierte en protagonistas principales de los discursos de la domesticidad, que abogan por la constitución de una familia como único proyecto de vida femenino y que definen la cualidad de madre y esposa como la base de una identidad propia.
Más allá de los límites de estos trabajos femeninos, un número cada vez más elevado de mujeres se plantean desde finales del siglo XIX el acceso a los sectores profesionales más cualificados, los de las profesiones de formación universitaria y profesiones liberales. A comienzos del siglo XX, los crecientes niveles de escolarización, el aumento de la edad de matrimonio, la situación demográfica resultado de los conflictos bélicos y el aumento de las clases medias, favorecen el acceso de mujeres jóvenes a estudios superiores y, como consecuencia, a niveles profesionales de mayor cualificación y estatus social. En ello juegan un papel activo la lucha de las mujeres por su participación en la vida pública, su acceso a la ciudadanía, las propias necesidades del capitalismo y del nuevo mercado laboral, y la educación como forma de acceso a un trabajo mejor cualificado.
El resultado es que los nuevos oficios para mujeres se revelan como un campo demasiado limitado y se inicia el proceso de incorporación a las profesiones hasta entonces masculinas. Profesión entendida como un tipo de ocupación que se basa en un periodo de formación específica y en la posesión de un monopolio sobre el ejercicio del propio trabajo. Un monopolio construido a lo largo de procesos históricos más o menos largos en los que el género, y más concretamente la exclusión de las mujeres, jugó un papel importante como mecanismo de persuasión social. (Vease 2.6.)
Una de las primeras profesiones de formación universitaria a la que acceden las mujeres en el siglo XIX es a la medicina, en medio de tremendas resistencias en la mayoría de países de Europa (BONNER, 1992). La controversia generada reforzó desde sectores médicos mayoritarios la falsa idea de la incapacidad biológica femenina, adaptando a los tiempos el viejo discurso científico que a lo largo de los siglos ha operado naturalizando las relaciones sociales (ORTIZ, 1993).
Ello ejerció sin duda un papel clave en la organización de las profesiones y ocupaciones sanitarias, que acabarán constituyéndose a lo largo del siglo XX en uno de los subsectores laborales más feminizados después del servicio doméstico y por encima, incluso, de la docencia, otra de las actividades cualificadas donde las mujeres han sido mayoría (RISKA, WEGAR, 1993).
Una mirada al sector sanitario desde una perspectiva de género, permite ejemplificar bastante bien las políticas sexuales que han tenido lugar dentro de la actividad profesional y la importancia de tales políticas en la organización actual del sistema, en el que la segregación sexual y la discriminación de las mujeres, abierta o implícita, han sido la norma.
Bajo el término de profesiones sanitarias englobamos a todas aquellas que desarrollan un actividad de algún modo relacionada con la salud de las personas, como es el caso de la matronería, enfermería, fisioterapia, medicina, farmacia, odontología o veterinaria. En todos los países europeos la participación en ellas de las mujeres va ascendiendo a lo largo del siglo XX hasta situarse en un 70% en los años veinte o treinta, un porcentaje que continuará en aumento hasta el momento presente. Pero como sucede para el conjunto de la actividad laboral remunerada, la participación femenina en estas profesiones está marcada por dos procesos que han coexistido en el tiempo: su exclusión durante siglos de las más cualificadas (medicina, farmacia, odontología, veterinaria) y su segregación laboral en el resto, una segregación que ha funcionado no sólo limitándolas a otras profesiones (enfermería o matronería) que son marcadas como femeninas, sino generando espacios dentro de las de tradición masculina en forma de especialidades o tipos de práctica. En este sentido, es general en toda Europa, por ejemplo, la concentración de médicas en las especialidades de pediatría, laboratorio o medicina de familia, en tanto que las especialidades quirúrgicas o la cardiología, han sido exclusivas de varones hasta hace pocos años (ORTIZ, 1987; RISKA, WEGAR, 1993).
Esta política de géneros ha marcado la identidad o la esencia de las profesiones atribuyéndoles los valores culturalmente asociados a los géneros y creando un sistema conceptual de tradición secular que ha dificultado, y lo hace todavía hoy, la participación de las mujeres en igualdad. (Vease 2.6.1.)
Se trata de un proceso a través del cual buscamos transmitir conocimientos y enseñanzas a la ciudadanía, respecto a la protección de nuestro entorno natural, la importancia fundamental sobre resguardar el medio ambiente, con el fin de generar hábitos y conductas en la población, que le permitan a todas las personas tomar conciencia de los problemas ambientales en nuestro país, incorporando valores y entregando herramientas para que tiendan a prevenirlos y resolverlos.
Desde siempre la especie humana ha interaccionado con el medio y lo ha modificado, los problemas ambientales no son nuevos. Sin embargo, lo que hace especialmente preocupante la situación actual es la aceleración de esas modificaciones, su carácter masivo y la universalidad de sus consecuencias.
Los problemas ambientales ya no aparecen como independientes unos de otros sino que constituyen elementos que se relacionan entre sí configurando una realidad diferente a la simple acumulación de todos ellos. Por ello, hoy en día podemos hablar de algo más que de simples problemas ambientales, nos enfrentamos a una auténtica crisis ambiental y la gravedad de la crisis se manifiesta en su carácter global.
Sin embargo, no podemos limitarnos a percibir esta crisis como conflicto en el que determinados planteamientos sobre el mundo y sobre la vida resultan inadecuados. Si somos conscientes de que sólo en un ambiente de crisis se consideran y se desarrollan soluciones innovadoras, parece claro que tenemos ante nosotros el desafío de encontrar en la crisis una ocasión para "reinventar" de forma creativa nuestra manera de entender y relacionarnos con el mundo.
Pero estas soluciones no pueden ser solamente tecnológicas, el desafío ambiental supone un reto a los valores de la sociedad contemporánea ya que esos valores, que sustentan las decisiones humanas, están en la raíz de la crisis ambiental. En este contexto, la educación ambiental tiene un importante papel que jugar a la hora de afrontar este desafío, promoviendo un "aprendizaje innovador" caracterizado por la anticipación y la participación que permita no sólo comprender, sino también implicarse en aquello que queremos entender.
La Educación Ambiental: una respuesta a la crisis ambiental
Desde los años sesenta, cuando se cuestionó el modelo de crecimiento establecido y se denunció el impacto que sobre el medio ambiente producía, los diagnósticos realizados sobre la crisis ambiental han sido numerosos. Poco a poco, el ser humano empieza a realizar una nueva lectura del medio en el que está inmerso y una nueva cosmovisión, una nueva percepción de la relación ser humano-sociedad-medio, va abriéndose paso.
En no pocos de los informes y manifiestos que van apareciendo a lo largo de estos años se plantea la necesidad de adoptar medidas educativas (entre otras) para frenar el creciente deterioro del planeta.
CONCEPCION ACTUAL DE MEDIO AMBIENTE
El concepto de medio ambiente ha ido evolucionando de tal forma que se ha pasado de considerar fundamentalmente sus elementos físicos y biológicos a una concepción más amplia en la que se destacan las interacciones entre sus diferentes aspectos, poniéndose el acento en la vertiente económica y sociocultural.
Por lo tanto, hoy en día se identifican como ambientales no sólo los problemas clásicos relativos a contaminación, vertidos, etc., sino también otros más ligados a cuestiones sociales, culturales, económicas..., relacionadas en definitiva con el modelo de desarrollo.
De hecho, actualmente la idea de medio ambiente se encuentra íntimamente ligada a la de desarrollo y esta relación resulta crucial para comprender la problemática ambiental y para acercarse a la idea de un desarrollo sostenible que garantice una adecuada calidad de vida para las generaciones actuales y para las futuras.
De esta forma, el medio ambiente puede entenderse como un macrosistema formado por varios subsistemas que interaccionan entre sí. Cuando se produce algún fallo en esas interacciones surgen los problemas ambientales.
Las relaciones entre educación y medio ambiente no son nuevas, sin embargo, la novedad que aporta la educación ambiental es que el medio ambiente, además de medio educativo, contenido a estudiar o recurso didáctico, aparece con entidad suficiente como para constituírse en finalidad y objeto de la educación.
De esta forma, aunque sus raíces son antiguas, la educación ambiental, como la entendemos hoy en día, es un concepto relativamente nuevo que pasa a un primer plano a finales de los años sesenta.
Estos planteamientos alcanzan rápidamente un reconocimiento institucional. Así por ejemplo, en el ámbito internacional, ha sido la Organización de las Naciones Unidas, a través de sus organismos (UNESCO y PNUMA fundamentalmente), la principal impulsora de estudios y programas relativos a la educación ambiental. Sin embargo, no podemos reducir este proceso de desarrollo a su vertiente institucional. Es preciso reconocer el esfuerzo de innumerables entidades, organizaciones de carácter no gubernamental y educadores que han contribuído, a veces de forma anónima, no sólo a la conceptualización de la educación ambiental sino, sobre todo, a su puesta en práctica.
Funciones de la Educación Ambiental
Un propósito fundamental de la educación ambiental es lograr que tanto los individuos como las colectividades comprendan la naturaleza compleja del medio ambiente (resultante de la interacción de sus diferentes aspectos: físicos, biológicos, sociales, culturales, económicos, etc.) y adquieran los conocimientos, los valores y las habilidades prácticas para participar responsable y eficazmente en la prevención y solución de los problemas ambientales y en la gestión de la calidad del medio ambiente.
La educación ambiental resulta clave para comprender las relaciones existentes entre los sistemas naturales y sociales, así como para conseguir una percepción más clara de la importancia de los factores socioculturales en la génesis de los problemas ambientales. En esta línea, debe impulsar la adquisición de la conciencia, los valores y los comportamientos que favorezcan la participación efectiva de la población en el proceso de toma de decisiones. La educación ambiental así entendida puede y debe ser un factor estratégico que incida en el modelo de desarrollo establecido para reorientarlo hacia la sostenibilidad y la equidad.
Por lo tanto, la educación ambiental, más que limitarse a un aspecto concreto del proceso educativo, debe convertirse en una base privilegiada para elaborar un nuevo estilo de vida. Ha de ser una práctica educativa abierta a la vida social para que los miembros de la sociedad participen, según sus posibilidades, en la tarea compleja y solidaria de mejorar las relaciones entre la humanidad y su medio.
Objetivos de la Educación Ambiental
Conciencia: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a que adquieran mayor sensibilidad y conciencia del medio ambiente en general y de los problemas conexos.
Conocimientos: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir una comprensión básica del medio ambiente en su totalidad, de los problemas conexos y de la presencia y función de la humanidad en él, lo que entraña una responsabilidad crítica.
Actitudes: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir valores sociales y un profundo interés por el medio ambiente que los impulse a participar activamente en su protección y mejoramiento.
Aptitudes: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir las aptitudes necesarias para resolver los problema ambientales.
Capacidad de evaluación: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a evaluar las medidas y los programas de educación ambiental en función de los factores ecológicos, políticos, económicos, sociales, estéticos y educacionales.
Participación: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a que desarrollen su sentido de responsabilidad y a que tomen conciencia de la urgente necesidad de prestar atención a los problemas del medio ambiente, para asegurar que se adopten medidas adecuadas al respecto. Definidos en el Seminario Internacional de Educación Ambiental de Belgrado 1975.
Educación y gestión ambiental
Previamente ha quedado planteado el carácter estratégico que la educación ambiental tiene en el proceso hacia el desarrollo sostenible. Sin embargo, es evidente que la acción educativa, por sí sola, no es suficiente para responder al reto ambiental. "Para contribuir con eficacia a mejorar el medio ambiente, la acción de la educación debe vincularse con la legislación, las políticas, las medidas de control y las decisiones que los gobiernos adopten en relación al medio ambiente humano". (UNESCO).
La educación es, a la vez, producto social e instrumento de transformación de la sociedad donde se inserta. Por lo tanto, los sistemas educativos son al mismo tiempo agente y resultado de los procesos de cambio social. Ahora bien, si el resto de los agentes sociales no actúa en la dirección del cambio, es muy improbable que el sistema educativo transforme el complejo entramado en el que se asientan las estructuras socioeconómicas, las relaciones de producción e intercambio, las pautas de consumo y, en definitiva, el modelo de desarrollo establecido.
Esto implica la necesidad de incluir los programas de educación ambiental en la planificación y en las políticas generales, elaboradas a través de la efectiva participación social. Demasiadas veces se cae en la tentación de realizar acciones atractivas, con una vistosa puesta en escena y grandes movimientos de masas, que no comprometen demasiado ni cuestionan la gestión que se realiza. La educación ambiental debe integrarse con la gestión ("la mejor educación es una buena gestión") y no ser utilizada como justificación ante las posibles deficiencias de ésta.
El reto que tenemos planteado hoy en día es el de favorecer la "transición" hacia la sostenibilidad y la equidad, siendo conscientes de que esta transición requiere profundos cambios económicos, tecnológicos, sociales, políticos, además de educativos. Así pues, aun reconociendo las enormes potencialidades de la Educación Ambiental, no podemos convertirla en una falsa tabla de salvación. Tomado de : https://www.unescoetxea.org/ext/manual/html/fundamentos.html
Desempleo o paro significa falta de empleo. Se trata de un desajuste en el mercado laboral, donde la oferta de trabajo (por parte de los trabajadores) es superior a la demanda de trabajo (por parte de las empresas).
Cuando existen más personas dispuestas a ofrecer su trabajo a las empresas que puestos de trabajo disponibles se produce una situación de desempleo. Cuando existe gente que no tiene empleo se conoce como desempleo o paro.
Para calcular la tasa de desempleo de un lugar se toman aquellas personas que estando en edad de trabajar (entre 16 y 65 años) y buscando activamente no encuentran empleo, es decir, lo que se conoce como población activa.
Tener una tasa de desempleo alta supone un grave problema para un país pues afecta directamente al crecimiento económico, además del problema para las personas que se encuentran en situación de desempleo. Así, los efectos del desempleo, por un lado, pueden ser económicos como disminución de la producción real, disminución de la demanda y aumento del déficit público. Pero también puede causar efectos sociales como efectos psicológicos o efectos discriminatorios.
Según el Banco Mundial, la tasa de desempleo es la proporción de la población activa que no tiene trabajo pero que busca trabajo y está disponible para realizarlo. Las definiciones para calcular la población activa y la tasa de desempleo pueden variar ligeramente según el país.
Tipos de desempleo
Podemos diferenciar diferentes tipos de desempleo que vienen a explicar también las causas.
Desempleo estacional: Es el originado por cambios en la demanda de trabajo por parte de las empresas debido a la estación del año, a la temporalidad o a otros factores estacionales. Como ocurre, por ejemplo, en el sector turístico en España, que en temporada alta (verano, semana santa y navidades) absorbe nuevos trabajadores y una vez la actividad del negocio vuelve a su ritmo habitual van de nuevo al paro.
Desempleo friccional: Es voluntario. Personas que pudiendo trabajar deciden tomarse un tiempo para formarse, descansar o buscar el empleo que mejor se ajusta a sus cualificaciones y gustos. Es independiente al propio funcionamiento del mercado de trabajo.
Desempleo estructural: Se debe a desajustes entre la cualificación o la localización de la fuerza de trabajo y la cualificación requerida por el empleador. Programas de formación y reciclaje o de adaptación a las nuevas tecnologías, son algunas de las medidas que se llevan a cabo para reducir este tipo de desempleo.
Desempleo cíclico: Tiene lugar cuando los trabajadores, y en general los restantes factores productivos, quedan ociosos debido al momento del ciclo que se está atravesando, en el que la actividad económica no es suficiente para emplear los factores productivos.
Desempleo encubierto: Ocurre cuando existen personas que tienen un puesto de trabajo pero su capacidad productiva está siendo infrautilizada.
Oferta y demanda en el mercado laboral
Partiendo de una situación inicial, en donde todo el trabajo demandado por las empresas es absorbido por la oferta de la población activa. Este mercado en equilibrio se rompe cuando, por ejemplo, se produce una recesión económica en un país (véase el concepto de oferta, el concepto de demanda y la ley de oferta y demanda).
Las empresas van a demandar menos cantidad de trabajo en el mercado, momento en el que se produce el paso señalado en la gráfica, desplazándose la demanda de trabajo hacia la izquierda.
El resultado final, es una menor cantidad de trabajo en la economía y un menor salario. Es decir, suponiendo que cae la demanda de trabajadores por parte de las empresas y la oferta de trabajo se mantiene igual (la gente sigue buscando empleo), este es el resultado:
Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición. Todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna. Estos derechos son interrelacionados, interdependientes e indivisibles.
Los derechos humanos universales están a menudo contemplados en la ley y garantizados por ella, a través de los tratados, el derecho internacional consuetudinario, los principios generales y otras fuentes del derecho internacional. El derecho internacional de los derechos humanos establece las obligaciones que tienen los gobiernos de tomar medidas en determinadas situaciones, o de abstenerse de actuar de determinada forma en otras, a fin de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales de los individuos o grupos.
Universales e inalienables
El principio de la universalidad de los derechos humanos es la piedra angular del derecho internacional de los derechos humanos. Este principio, tal como se destacara inicialmente en la Declaración Universal de Derechos Humanos, se ha reiterado en numerosos convenios, declaraciones y resoluciones internacionales de derechos humanos. En la Conferencia Mundial de Derechos Humanos celebrada en Viena en 1993, por ejemplo, se dispuso que todos los Estados tenían el deber, independientemente de sus sistemas políticos, económicos y culturales, de promover y proteger todos los derechos humanos y las libertades fundamentales.
Todos los Estados han ratificado al menos uno, y el 80 por ciento de ellos cuatro o más, de los principales tratados de derechos humanos, reflejando así el consentimiento de los Estados para establecer obligaciones jurídicas que se comprometen a cumplir, y confiriéndole al concepto de la universalidad una expresión concreta. Algunas normas fundamentales de derechos humanos gozan de protección universal en virtud del derecho internacional consuetudinario a través de todas las fronteras y civilizaciones.
Los derechos humanos son inalienables. No deben suprimirse, salvo en determinadas situaciones y según las debidas garantías procesales. Por ejemplo, se puede restringir el derecho a la libertad si un tribunal de justicia dictamina que una persona es culpable de haber cometido un delito.
Interdependientes e indivisibles
Todos los derechos humanos, sean éstos los derechos civiles y políticos, como el derecho a la vida, la igualdad ante la ley y la libertad de expresión; los derechos económicos, sociales y culturales, como el derecho al trabajo, la seguridad social y la educación; o los derechos colectivos, como los derechos al desarrollo y la libre determinación, todos son derechos indivisibles, interrelacionados e interdependientes. El avance de uno facilita el avance de los demás. De la misma manera, la privación de un derecho afecta negativamente a los demás.
Iguales y no discriminatorios
La no discriminación es un principio transversal en el derecho internacional de derechos humanos. Está presente en todos los principales tratados de derechos humanos y constituye el tema central de algunas convenciones internacionales como la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial y la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.
El principio se aplica a toda persona en relación con todos los derechos humanos y las libertades, y prohíbe la discriminación sobre la base de una lista no exhaustiva de categorías tales como sexo, raza, color, y así sucesivamente. El principio de la no discriminación se complementa con el principio de igualdad, como lo estipula el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.
Derechos y obligaciones
Los derechos humanos incluyen tanto derechos como obligaciones. Los Estados asumen las obligaciones y los deberes, en virtud del derecho internacional, de respetar, proteger y realizar los derechos humanos . La obligación de respetarlos significa que los Estados deben abstenerse de interferir en el disfrute de los derechos humanos, o de limitarlos. La obligación de protegerlos exige que los Estados impidan los abusos de los derechos humanos contra individuos y grupos. La obligación de realizarlos significa que los Estados deben adoptar medidas positivas para facilitar el disfrute de los derechos humanos básicos. En el plano individual, así como debemos hacer respetar nuestros derechos humanos, también debemos respetar los derechos humanos de los demás.
Se define a una sociedad multiétnica o multicultural como aquella donde se integran varios grupos étnicos, no importa qué tipo de cultura, raza, historia tengan sus habitante, tienen identidad social propia, es una sociedad compuesta por diferentes personas y todos se integran por un bien en común, conviven entre si y no hay distinción de ningún tipo. Una característica fundamental de la modernidad y la sociedad actual es que esta se marca por la libertad y la defensa de los derechos de todos, por eso Colombia se considera una sociedad multiétnica.
Tal como es la definición que hace Amy Gutman, (2001): “refiriéndose a un estado de la sociedad y el mundo que contiene gran cantidad de culturas(o subculturas) que inciden unas sobre otra en virtud de las interacciones de los individuos que se identifican con (o confían en) estas culturas. Una cultura o subcultura, a grandes rasgos, consiste en modelos de pensamiento, lengua y acción asociados a una comunidad humana mayor que unas pocas familias.”
En realidad en la actualidad todas las sociedades se consideran multiculturales, no importa si son sociedades industrializadas, o capitalistas, todas se componen de diversos grupos étnicos, sino porque todos se comprometen por una pertenencia a una comunidad en la búsqueda de fine en común. Colombia reconoce esto a partir de la constitución de 1991 el multiculturalismo del país, dejando atrás el centralismo, autoritarismo y el universalismo, pasando a una sociedad democrática y de reconocimiento de derechos. A partir de ese momento se incluyen las comunidades negras, donde se les considera como grupo étnico con derechos territoriales y culturales específicos.
Constitución política de Colombia:
Articulo7: El Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana.
Articulo13: Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica.
Artículo 10: las lenguas y los dialectos delos grupos étnicos son también oficiales en sus territorios. La enseñanza que se imparta en las comunidades con tradiciones lingüísticas propias será bilingüe.
Artículo 8: El estado tiene la obligación de proteger riquezas culturales y naturales de la nación.
Según el DANE Colombia es el tercer país de América, luego de los Estados Unidos y Brasil con mayor cantidad de poblaciones negras. La principal concentración de poblaciones negras en Colombia se encuentra en el Pacífico representando el 82.7% del total de la población de esta región (991.6000 habitantes). Sin embargo esta población negra del Pacífico no representa sino el 12.7% del total de la población negra del país. En base a esto se le da un espacio político y participativo en la política y en la administración Colombiana. Pero si se habla de multiculturalidad también hay que hablar de los grupos indígenas, a partir de la constitución del 91 estos grupos entran a reclamar espacios de participación política que antes no tenían. En oposición a la población nacional y a la población afrocolombiana, la población indígena es una población joven que concentra el 39,5% de su población en el grupo de 0-14 años de edad; mientras que el grupo intermedio, 15 a 64 años, tiene una participación del 55,2% de su población.
El reconocimiento de la diversidad étnica proclamado en la Constitución del 91 hace surgir un nuevo tipo de relación entre el Estado y su población frente a la diversidad étnica, pasando de relaciones de tipo vertical a relaciones horizontales con grupos de población considerados como minoritarios, lo que genera en las distintas entidades de gobierno la necesidad de asumir un enfoque diferencial que valore y reconozca la diversidad.
La interculturalidad se funda en la necesidad de construir relaciones entre grupos, como también entre prácticas, lógicas y conocimientos distintos, con el afán de confrontar y transformar las relaciones de poder, que han naturalizado las asimetrías sociales. A veces, lo pluricultural sólo se usa en términos descriptivo, empero sus raíces y significados no se encuentran en la descripción, sino en las luchas en contra de la colegialidad pasado y presente y de la violencia simbólica, estructural y cultural (Rivera, 1993, en Walsh, 2002: 2), en que esta colegialidad se produce. Este proceso Implica el fortalecimiento de lo propio frente a las otras culturas, paralelamente a las luchas no por el reconocimiento estatal, sino por la reparación a la exclusión.